El Solitario Jorge

La muerte de Jorge, la última de una de las sub-especies de tortuga gigante de las islas Galápagos, además de dejarme un sentimiento amargo ya que tuve la suerte de verlo en persona  durante mi viaje en solitario al maravilloso archipiélago en noviembre de 1996, un montón de recuerdos.

Jorge era una tortuga de la sub-especie Chelonoidis Abingdoni, originaria de la isla Pinta, la más septentrional de las islas y se  redescubrió en 1972 en aquella ínsula cuando un grupo de trabajadores del parque nacional -creado en 1959- estaban despoblando la isla de cabras, animales  no autóctonos que habían llegado a la isla de la mano del hombre y que junto a otras especies fóraneas, estaban poniendo en peligro la existencia de las tortugas y otra fauna del lugar… Así me lo contó Cesar, el guía del parque con el que conviví durante mi singladura a bordo del Stella Maris por Las Galápagos en 1996, cuando visité al Solitario Jorge en su terrario en el Centro de Crianza de Tortugas Terrestres Gigantes, en Puerto Ayora, isla Santa Cruz, la capital del archipiélago.

Con el redescubrimiento en 1972 de Jorge como la última tortuga de su especie, la dirección del parque se propuso cruzarlo con alguna otra tortuga de las islas y para ello se eligió a una de especie muy similar de la isla Isabela, una difícil tarea pues estos galápagos solo se aparean entre la misma especie pero tras quince años de convivencia se consiguió que el Solitario Jorge se aparease con su compañera (cuyo nombre no ha sido facilitado por el parque) pero por desgracia los huevos resultaron infértiles. En vista del fracaso, le adjuntaron otra “dama”, en esta ocasión una bella tortuga genéticamente muy parecida procedente de la isla La Española, con quien ha convivido hasta el día de ayer sin dejar descendencia como desde un principio se temieron los expertos en la materia.

La triste noticia me ha servido para recordarme que tengo que pasar el vídeo Hi8 al ordenador y terminar de escanear las fotos que hice pero también me ha servido para rescatar un montón de recuerdos de aquél viaje en solitario; Mi casual embarque como tripulante extra en el Stella Maris a cambio de ayudar a la tripulación. Inicialmente pacté con el propietario cinco días pero terminaron siendo 15  hasta que un buen día a través de la radio me dijo medio en broma medio en serio; “Sí mañana no te bajas en Santa Cruz, yo te bajo”.  Para entonces ya había dado tres vueltas a las islas… Como olvidar a Antonio el capitán, a Fernando el cocinero y su amiga de Puerto Isabela, a Elio el marinero que me llevó de juerga en Puerto Ayora la noche de Halloween… Como olvidar a la gente que viajaba en el barco; El yankee senador demócrata y a su espectacular esposa colombiana, el taxista berlinés,  la californiana de San José, la pareja de Londres y el padre e hija, ambos dentistas holandeses… Como olvidar a César, el veterano guía del parque y sus explicaciones en las islas a quien he vuelto a escuchar hoy en mi mente. Como olvidar los baños entre leones marinos y entre tiburones, los volcanes, las iguanas, los flamencos de Isla Floreana  pero por encima de todo ¿cómo olvidar la visión de las tortugas gigantes y en especial El Solitario Jorge?.

Quizás no gozó de la fama mundial que tienen las tortugas Ninja pero la vida de El Solitario Jorge bien merecería una película.  Su redescubrimento en 1972 sirvió para iniciar la carrera del Parque Nacional de Las Islas Galápagos hacia el reconocimiento como Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco varios años después, en 1978 y pronto se convirtió en icono del parque. Su imágen, la alocada idea vendida como souvenir que tal vez Darwin lo hubiera visto durante su famoso y trascendental periplo por el archipiélago pero sobre todo su condición de último de una especie, sirvió al parque para aumentar el número de visitantes y a un ecologismo incipiente como bandera. Con todo esto, bastaría con que la ciencia actual ó futura pudiera hacer renacer a la especie gracias al cadáver del Solitario Jorge que ahora descansa en una cámara frigorífica en el Centro de Puerto Ayora y ya tendríamos al perfecto protagonista para la última entrega de “Parque Jurásico”.

Con mis mejores saludos!!

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