Real Madyc con Coca Cola

Me llamó Nuria a mediados de marzo para preguntarme sí tenía libre el 22 de mayo, “No me llama nunca y ahora me llama para dentro de dos meses…” , atónito por tan prematura llamada no le dí mayor importancia y me lo tomé como quien te pregunta en agosto que vas a hacer en nochevieja.

Los días, las semanas y los meses fueron pasando como en el típico plano en el que las hojas del calendario van cayendo y el miércoles previo a la gran final del sábado, volvió a parecer su nombre en el “display” de mi Nokia. “Pensé que te habías olvidado de mi y que llamarías a uno más joven, más rubio y más guapo”, le dije de coña, “Bueno, más rubio tal vez, más joven me da igual y yo os quiero como sois”… “Pues mucho no nos debe querer, teniendo en cuenta lo poco que llama”…

Ya al coger el tubo en Norte, me doy cuenta del buen ambiente que hay y al contrario de lo que esperaba no se escuchan gritos ni berreos,  los aficionados italianos y alemanes comparten asientos sin malos rollos, al revés, algún alemán que habla español y algún alemán que habla italiano pero ningún español y ningún italiano que hable alemán.  Hay mayoría de camisetas rojas que son las que portan las hordas germanas del Bayern y pinceladas en azul y negro de los tifossi del Inter. Al llegar a Alonso Martínez un padre y un hijo entran y el padre me sonríe en educado gesto. No portan ningún distintivo futbolero pero tienen una pinta de alemanes camino al Bernabéu que no pueden con ella.

Mientras el moderno y limpio tubo recorre el subsuelo de la urbe, recuerdo aquellos años de adolescencia y primeros de juventud, cuando era forofo del Real Madrid y había billetes de doscientas pesetas. Por entonces no había línea entre Nuevos Ministerios y Lima, así que nos bajabámos en Nuevos Ministerios y subíamos andando entre los cientos de tenderetes con banderas, bufandas y toda esa parafernalia que se vende. Había billetes de doscientas pesetas pero nosotros íbamos pelados; A las cuatrocientas pelas de la entrada más barata para el tercer anfiteatro, había que sumarle el metro, algo para fumar y la bebida.

De la bebida me encargaba yo. Era toda una tarea artesanal, de gran responsabilidad y para mi un ritual. En aquellos todavía dejaban beber alcohol en los estadios aunque con la sabia decisión de prohibir la entrada “al recinto” con botes de cerveza ó cristal, así que teníamos la solución de las botellas de plástico de dos litros de Coca-Cola. El día anterior al partido se compraba la botella de Dyc que el tabernero del barrio pronunciaba “Diz” y la botella de plástico de dos litros. Vaciabamos (y a veces bebíamos) hasta la mitad, la botella de Coca-Cola y echábamos el güisqui dentro. Una vez realizada “la mezcla”, yo la subía a casa (de estranjis, claro) y la metía en el congelador hasta el día siguiente, el día del partido. Empezaba a descongelarse justo cuando llegábamos al estadio, hora y pico después de salir de casa y tres antes del partido.

Ahora en media hora llego a Santiago Bernabéu y no necesito bajarme en Nuevos Ministerios, estación donde se baja mucho alemán y sube mucho italiano, no hay malos gestos entre ellos y enseguida el padre alemán vuelve a relajar el gesto, cuando comprueba que los tifossi que le rodean a él y a su delfín, son gente de paz. Al llegar a la estación quedo en medio de una marabunta futbolera que animosamente se viene arriba al salir del tren y ante la inminente llegada al Coliseo. Por las colapsadas escaleras automáticas voy subiendo como buen madrileño por el lado izquierdo, abriendo paso mediante un “Achtung” ó un “Excussi”, dependiendo del color de la camiseta que vista el que me precede.

Como antiguamente, llego al estadio mil horas del partido, incluso más. Nos han citado a las 13:30 porque tenemos previa y por sí acaso, (Este “por sí acaso” de las productoras, sí se hubiera aplicado en la política española ahora y muchas veces en nuestra historia nos hubiera ahorrado muchos disgustos…) Al llegar al habitual “descampado” donde acampan las unidades móviles, una barrera de vallas de plástico duro en color amarillo y un “segurata” con uniforme de chaquetilla y gorra de plato me impide el acceso y de nada me sirve la habitual frase antes de darle al rec; “Es que mi acreditación la tienen dentro”.

Mientras espero a que vengan Quique y Toño con las jodidas acreditaciones me encuentro a Manu y comenzamos a “conspirar” unos minutos, rodeados de una multitud adicta al opio ajena a nuestra conversación. La de veces que hemos discutido y que diferentes veíamos la vida!… Ahora, los nuevos tiempos nos han acercado y parece que el cerco a los políticos se estrecha. En esto llegan las acreditaciones tamaño Din A4 que nos traen además de Quique y Toño, el gran Lucas y el quinteto decide ir a engañar al estomago por allí cerca y antes de que Milito le hiciera la clavada al Bayern, nos la clavan a nosotros; Cinco cervezas, un montado de jamón y una pulga, veintidós euros (22€). Eso nos pasa por traicionar a la familia de los bocadillos gigantes,  precios populares y barra de aluminio del bar que está doblando la esquina. Roma no paga traidores.

Una vez ingeridos los alimentos, vamos a la zona de la unidades móviles que hoy parece un parking para feriantes, sí no fuera por las cromadas móviles de los guiris que contrastan con nuestras habituales y más que trilladas cajas de camión. Al pasar por delante de la móvil de la RAI nos percatamos que estamos llegando al área hispana, donde bajo tenderetes y sobre “fliqueís”, los profesionales de la industria audiovisual, escapan del sol de sobremesa. Sin duda es un gran despliegue técnico y ninguno de los allí presentes recuerda semejante cantidad de medios en un lugar concentrado y más de un Madrid-Barca hemos hecho. Me cuenta Paco “El Chino”  (que lleva allí montando desde el miércoles y estrena gorra) que dentro del campo hay ciento cincuenta cámaras, se ha tenido que instalar un andamio y un puente para meter los jodidos triax y que hay más unidades móviles, grupos electrógenos y lanzaderas, Castellana arriba. Solo de pensar en el marrón que ha tenido que ser el montaje y será el desmontaje, dan ganas de estudiar Dirección de Empresas.

Tras saludar a la gente de la móvil de Mediapro que harán el partido en 3D para Telemadrid, me encuentro por allí cerca al mítico Valera que está para una personalización para no recuerdo quien y unos metros más allá a Jacinto que tras varios años sin vernos, hemos coincidido dos veces en la misma semana; “Es un puro seguimiento”, me dice el jodido.

Por el interior del estadio contemplamos los ríos de cables que se han lanzado, “¿Os imaginaís que ahora llega el típico “director de” y dice que por ahí no pueden ir? … Hay cable para dar la vuelta mundo.  Al salir a la grada del tercer anfiteatro, me viene esta vez a la memoria no la primera vez que entré en el Bernabéu, sino la primera vez que lo hice como cámara. Creo que fue estando en los informativos de Telecinco que por entonces tenía prohibida la retransmisión del fútbol y solo se podían grabar los tres primeros minutos  de cada tiempo, ó algo así, el caso es que siempre grabábamos un montón de tiempo y nunca nadie en la redacción dijo nada. Había que grabar en plan ENG y desde el foso que ya no existe. Lo recuerdo porque grabar desde el foso era una putada, era profundo y había que forzar las cervicales, además el foso era una ciudad viva; Periodistas, foteros, anti disturbios, camilleros, etc, etc. Durante los partidos no paraba de pasar gente y aunque profundo, el foso no era muy ancho y esto provocaba que más de uno te diese al pasar en el brazo, echando a perder el seguimiento de tu vida a una jugada importante.

Llegamos a nuestro “balconcillo” desde el cual haremos la previa para Fox Sports, debajo tenemos las mesas para todos los comentaristas llegados desde los cuatro punto cardinales y no sé por qué, me viene a la memoria aquél grupo de Ciudad Real que en un partido de infarto gritaba; “¡¡EO!!, ¡¡EO!!, ¡¡Saco la cola y te meo!!… Revisado que todo estuviera bien, nos sentamos en la grada a saborear el ágape que la Uefa ha regalado a todos los currantes ese día. Son unas cajas blancas con asa y con un interior de lo más sabroso; Un par de sandwiches industriales envasados al vacío de tortilla francesa y hierba que pretende ser ensalada. Una excelente manzana roja transgenica, una barra “energética” y otro pastelito industrial envasado al vacío unas horas antes completan el menú, regado con dos vasos de agua del catering de los aviones y acompañado de una servilleta de papel azul oscuro  tamaño mantel. También regalan un polo de color granate con el logo de la final 2010 que nadie nos ha entregado y lo comentamos. A ninguno de los allí reunidos nos importa y suponemos que lo vestirá alguno en La Bombonera…

Saciamos el apetito con aquellas viandas que seguro no eran las que estaban comiendo en ese instante Platini y el resto de “gallifantes” de la Uefa, cuando aparece por allí Maria, con top negro de tirantes, hombros al aire y luciendo tatuado caballito de mar. Ha venido a currar para “Hal llasira”, en el acristalado set con aire acondicionado que tenemos encima; “Maria, ten cuidado no te vayan a secuestrar los árabes para la trata de blancas”. La acompaña una desconocida y joven rubia maquilladora; “Mmmmm… Después del partido hay que estar atentos…”

No estamos todavía en el aire cuando llega la Copa de Europa a nuestro set y  se monta un pequeño revuelo aunque gracias al poco espacio disponible y a la inmediatez del directo, queda desalojado de ajenos “a la obra” que vinieron acompañando al acompañante del acompañante y ayudo a la productora argentina a colocarla en el centro para que luzca bien y cuando agarro a la orejona por las orejas me vienen tres imágenes a la cabeza; Cuando saltó el Madrid al terreno de juego junto al Borussia la primera vez que estuve en el Bernabéu, la grada del Inter saltando de alegría y Londres por la noche. Entonces me doy cuenta de tres cosas: 1/ Yo de niño era del Real Madrid y soñaba con ver algún día una final de la Copa de Europa y tocar la Copa. 2/ Este partido lo va a ganar el Inter y 3/ ¿Que coño pinta en esto Londres…?

Veinte minutos después nuestro tiempo con la orejona se acaba y el treintaañero que la ha traído y que viste un oscuro traje que le está haciendo sudar en tan espléndida tarde primaveral, me pide en un corte de publicidad que le ayude a guardar la copa en una especie de macuto acolchado y nuevamente vuelvo a alzar la Copa de Europa; Un trofeo que el Real Madrid permite  que ganen otros equipos para que el fútbol europeo sea una fiesta. El tipo se carga el macuto acolchado con la orejona en el interior y me despido de él; “Puedes ir poniéndole el lazo azul y negro… Ahora pareces El Hombre del Saco”

Se ve el cartel de la Final de Champions y la cabeza caliente se mueve hacia arriba, “¿Quien estará en la cabeza de la torre?”, descubriendo el Paseo de La Castellana que luce esplendido con los árboles en verde y el Bernabéu al fondo. Dentro del estadio la melodía de la champions arranca por la potente megafonía que me hace recordar la de aquellos años en los que se escuchaba un tono como el de la Renfe y una voz que decía; “Se ruega al propietario del vehículo Seat 1430 con matrícula número…”, al tiempo que una interminable fila de niños vestidos de blanco van bordeando el terreno de juego mientras ambas aficiones rugen. Después aparecen unas tias vestidas a lo flamenco-ninja y se marcan una performance.

El Inter ha arrancado con fuerza y en los primeros minutos tiene acorralado al Bayern aunque no llega con peligro al área alemana. Poco a poco el Bayern va haciéndose con el partido y al cuarto de hora ya es quien domina el juego, el Inter ya ha renunciado al ataque y ahora espera su oportunidad, cuanto más dueño se crea el Bayern, mejor. De aficiones hay mayoría italiana pero a quien más se oye es a los alemanes que ocupan la grada sur y que desplegaron una enorme bandera que bien pudiera ser del Atleti. Los italianos en cambio desplegaron una enorme bandera con el escudo y el mosaico era bastante más bonito; Ya se sabe, mecánica alemana y diseño italiano.

Ojo que acaba de marcar el Inter y esto me alegra por primera vez en el Bernabéu, ¿ó esperaban que un Martino español fuese con el Bayern…? Además, el Inter ha sufrido muchas veces en este estadio y se llevó grandes goleadas y tristes eliminaciones de aquí en “mí” época con la Quinta del Buitre.  El uno a cero ha sido justo cuando más y mejor apretaba el Bayern, esto no es jarro de agua fría sino cucurucho de hielos por el pescuezo. Ahora es la afición del “Milanesado” la que aprieta, saben cuando y cada situación de peligro evitada, cada balón desviado fuera de banda es celebrado como si hubieran ganado una guerra. Pese a todo, los aficionados del Bayern siguen ondeando sus enormes banderas.

El arbitro que va a la misma peluquería que yo, ha pitado el final del primer tiempo y la grada italiana es una fiesta, están ondeando banderas de plástico del Inter con los detalles en amarillo chillón al tiempo que cantan. Los germanos están sentados tranquilos y la actitud de unos y otros me llama la atención pues en esta tierra nuestra somos proclives a grandes hogazas, bocadillos dignos de “El día después” y otras delicatessen. Recuerdo en mis tiempos que para el descanso, la botella de dos litros de Coca-Cola ya empezaba a temblar, por cantidad y por calentamiento. Normalmente a esas alturas del partido solían estar a algo menos de la mitad y de hielo quedaba el tamaño aproximado de un móvil. Es curioso porque a veces la botella desaparecía entre los pies de la apretada multitud que veíamos los partidos desde las alturas del tercer anfiteatro y aparecía minutos después, incluso en una ocasión al celebrar un gol, (muy posiblemente de Santillana) cual regalo de los Dioses para celebrar tan emotivo instante.

Ha comenzado la segunda parte, el Bayern está agobiando al Inter de tal manera que parece que en cualquier momento va a llegar el segundo gol de los italianos que esta tarde tienen en el argentino Milito su gran baza. Los aficionados del Munich están ahora saltando al mismo tiempo sobre la grada, haciendo temblar el segundo anfiteatro como tiembla la tela de araña al caer un insecto, como tembló la red en el primer gol y como temblará con el segundo. No se dan cuenta que están cayendo en la estrategia del Inter que mantiene su defensa intacta. Han prendido unas bengalas que deja durante unos minutos una nube de humo que tanto por el culo nos da, especialmente a cámaras y ccu’s.

El segundo gol del Inter despeja las dudas para quienes las tuvieran y tras tres horas y media sin parar de ondear las enormes banderas del Bayern, por primera vez  no se ven desde que se abrieron las puertas del estadio. Lo siento por el padre y el hijo del metro. Los jugadores del Bayern se dan cuenta que el partido está perdido, lo saben y el partido empieza a ser una repetición de las jugadas de la  segunda parte; Un jugador alemán llega con la lengua fuera a la línea de fondo del Inter y avanza hasta encontrarse con dos tipos haciendo muralla al borde al área pequeña y otros cinco ó seis más en el área, sin dejar respirar a las camisetas rojas y entonces pierde el balón ó finge falta. La desmoralización en el Bayern es total y la afición del Inter (que no es de las más escandalosas de Italia) acompaña cada intento alemán de entrar en el área italiana con una tremenda pitada que se debe estar escuchando en la Puerta del Sol.

Mi colega el calvo ha pitado el final de la final, afortunadamente no hay prorroga que siempre es lo peor que puede ocurrir en estos trabajos y ahora solo falta la despedida, esperemos que no estén hasta las seis de la mañana. Todavía hay jugadores del Inter haciendo el chorra sobre el césped cuando el presentador “estrella” se despide de la Champions hasta el año que viene, “En Londres”… “¿Como?, ¿la final del año que viene es en Londres?…  Ahora lo entiendo… Lo mismo dejo el opio y me paso al fútbol… ¿Ó es al revés?”

Con mis mejores saludos!!!

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