El reloj de Manolo

En la Mili 21988, Como casi todos los chavales de mi calle estaban siendo enviados a Melilla y Cáceres, me temí lo peor, así que como tenía que incorporarme a filas en septiembre, estuve todo el verano trabajando (por primera vez) para tener algo de dinero. Al final tuve suerte y me tocó en la Agrupación de Transportes Nº1, con sede en Canillejas, Madrid, un cuartel de camiones  pero como no tenía carnet de conducir me metierón en la recién creada compañia de Seguridad y Escolta, donde estabamos lo mejor de cada casa, jonkees incluidos aunque poco a poco fué mejorando el tema. Como era de Madrid tenía el pase pernocta que me permitía dormir en casa pero como todas las mañanas tenía que levantarme a las 6 de la mañana y  hacerme en metro la línea 7 entera, muchas noches iba a dormir al cuartel para  ahorrame la paliza.

No se me dió mal pues inexplicablemente me hicierón cabo y me libré de hacer garitas ya que eramos de seguridad. Hice muchas guardias pero también hice varias maniobras y mucha escolta a convoys que era lo que más me gustaba. Normalmente saliamos un lunes y volviamos los viernes a la hora de comer. Casi siempre ibamos a por torretas de tanque a un pueblo en Sevilla, para subirlas hasta la fábrica de la Pegaso en Valladolid, donde las ensamblaban a los tanques.
La anecdota más rocambolesca, me ocurrió una noche cuando todavía era soldado. Tenía una imaginaria, la 2ª ó la 3ª, no recuerdo bien. El soldado que me precedía y que me despertó para hacerle el relevo era de mi reemplazo, se llamaba Manolo y era de San Blas (Madrid). Cuando me despertó, me puse el mono, las botas y me dí cuenta que no tenía reloj (nunca he usado) para ver la hora y despertar a mi relevo, así que le pedí me dejara el reloj y al día siguiente se lo devolvería.
-“Me lo ha regalado mi novia hace poco…
-¡Hombre Manolo! ¿que le va a pasar al reloj?…”

Total, el bueno de Manolo me dejó su reloj de cuerda con pulsera de cuero marrón claro y allí me quedé  sentado en la silla a la entrada de la compañia, en la soledad de la noche. Fué quizás a la hora de estar allí somnoliento cuando me entrarón un tremendas ganas de plantar un pino .Con el habitual miedo del novel soldado, abandono el puesto y me voy al retrete para hacer tan noble necesidad.
Busco el retrete más limpio, entro, cierro la puerta, me bajo la cremallera del mono, saco el brazo derecho, saco el brazo izquierdo y en ese momento noto que la goma de la muñeca del mono presiona sobre la holgada correa de cuero marrón claro del reloj de Manolo, a la vez que la traviesa de metal que une dicha pulsera de cuero marrón claro del reloj de Manolo, cede y se sale, al tiempo que mi brazo izquierdo de la manga del mono, miro mi muñeca, veo caer el reloj de Manolo al suelo de la letrina y se cuela justo en el agujero. Levanto la cabeza y pienso; “El reloj de Manolo, no me lo puedo creer!!”
Inmediatamente se me pasan las necesidades y me vuelvo a abrochar el mono, saco el mechero y rodilla en tierra inspecciono ocularmente (como diría el teniente) el oscuro infinito. No consigo ver nada en la absoluta y negra oscuridad por lo que decido volver a la compañia para buscar una linterna (yo no llevaba herramientas en el ceñidor). No encuentro linterna por ahí y vuelvo al water a intentar ver algo pero nada, los minutos van pasando y decido despertar a Manolo, “tal vez él, tenga una linterna en la taquilla”…
– Manolo … Manolo
-Mmmmmm
-Manolo… …

Mmmmmmm
-Manolo … Manolo tio! , se me ha caido tu reloj al water
Manolo se incorpora en la cama inmediatamente y con cara de pánico exclama:
-¿Eso es una broma?
– No tio, he ido a cagar y al quitarme el mono por la muñeca la goma ha sacado la barilla de la pulsera …
Y le enseño la pulsera de cuero marrón claro de su reloj con las dos barillas que milagrosamente se habian quedado en su sitio.
Al tiempo que le he contado esto, Manolo, con la camiseta verde de manga corta, en calzoncillos blancos y al paso ligero ha llegado al retrete junto a mí que le estoy diciendo:
– Manolo tio, perdona, ya sé que es una putada … Pero entiende mi posición … Te prometo que yo te pago uno exactamente igual, el mismo modelo y os pago una cena a ti y a tu chica  para que te lo vuelva a regalar…
Manolo rodilla en tierra con la cara pegada al agujero otea, apaga el mechero, mete la mano, tantea y… ¡SACA INTACTO EL RELOJ!

Los siguientes minutos trancurrierón con Manolo lavando el reloj en aquella larga fila de lavabos y espejos con cara de enfado, pese a que era (es) una excelente y educadisima persona y yo disculpandome.
Manolo volvió a la cama, yo continué el resto de imaginaria con el reloj de Manolo sobre la mesa de la compañia y minutos más tarde, tranquilamente, en la soledad y el silencio de la madrugada mis necesidaddes sin más sobresaltos.
A la hora que debía, desperté a mi relevo y dormí plácidamente. A la mañana siguiente, nada más despertarnos, me levanté, fuí hasta la litera de Manolo y le devolví su reloj con pulsera de cuero marrón claro; “Creo que nunca lo olvidaré“, le dije.
Al terminar la mili, algunos de los que éramos de Madrid estuvimos viendonos un tiempo, entre ellos Manolo y yo pero como suele ocurrir, terminamos perdiendonos la pista todos.
 
En el verano del año 2002 estaba una noche por Malasaña con unos compañeros de trabajo, cuando por la calle alguién gritó mi nombre y apellido, me giré y …
-¡¡Coño Manolo!!…
Estuvimos unos minutos charlando pero lo típico; Mucha gente en la calle,  Manolo para arriba en busca de su chica y yo con un grupo de gente que va para abajo. Intercambiamos los tfnos. y pactamos charlar otro día, nos despedimos y cuando ya hemos dado varios pasos, cada uno en direcciones opuestas, recuerdo aquella noche y me doy la vuelta:
-¡¡Manoloooo!!!
Y Manolo se gira
-¡¡¿Y la chica?, ¿es la del reloj?!!!
Manolo echa una sonrisa de oreja a oreja y levanta el puño izquierdo… No ví bien el reloj pero la pulsera era de cuero marrón claro…
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